Estaban las aventuras ocultas en los dominios de Isis,
segadora de mis siembras
y pirueta de las estrellas silentes que miro por las ventanas de esta nave espacial cubierta de mar,
recordándote entre símbolos que me recuerdan peces y aves y ríos y serpientes,
oigo de grandes luchas entre Dios y el diablo,
mientras tus labios me absuelven de todo pecado,
y tus manos me mojan con agua del Nilo,
y me despiden con cariño en un muelle fluvial de hace cuatro mil años,
hasta la próxima vuelta de tu planeta por esta parte de la órbita.
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