domingo, 3 de mayo de 2009

El poema que nunca escribí.

Para ir dejando constancia de haberte amado en el día iluminado
y en la noche lluviosa entre tus sábanas,
y junto a la chimenea sin explicarnos la luz en movimiento
que a medias alumbró una ciudad entera junto a mi declaración.

Para irle avisando a todas las lluvias y a todas las aves que ya estamos de vuelta
en la misma zona de la órbita que cuando me regalaste un beso de amor.

Primero de mayo, todos saben y sólo tú sabes en que punto exacto,
le hicimos un sitio en el estrecho universo local,
entonces te declaro mi amor de tres dimensiones,
y me absuelves de ausencias
y te absuelvo de ausencias.

Firman como testigos los siete mares, y las siete estrellas más brillantes
para que no se diga que no hubo provisión de ellos suficiente,
como para dejar válida constancia .

Ya ves al pez blogueador futureando con el pasado,
abrazado a tí para no morir de amor.

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