miércoles, 13 de mayo de 2009

Los amantes.

La mujer que viene de la peluquería pensando en el jugador de polo que la corteja,
se mira en el retrovisor,
su esposo es dueño de un diario, ella deja su automóvil botado,
y se sube a la 2CV del arqueólogo desconocido.

esa noche de luna en un bote con almohadas bajan por el río suave.

¿En qué soplo pudiese convertirme para entrar en tu casa y besarte?
¿en que ladrón para tener tu abrazo?
¿o mi camino de mendigo desandar y volver a la madera y olvidar que te amé y que me amaste bajo la lluvia y que este amor imposible vuelva al mar ?
y vuelvo a caminar por las calles mojadas y solitarias como mi alma cuando te extraño, y tu árbol y tu risa juguetona de pétalos no están.
¿dónde está y en qué se convirtió la sangre que dejaste en las sábanas con que me protegiste? ¿dónde se ha ido nuestro paseo a la orilla del mar? ¿o el sabor dulce de tu respiración ?
¿cuántas vidas nuevas deberé vivir para tener derecho a que tus manos heladas me acaricien en la noche de silencio?
o tu luz dorada encendiendo el hielo en que se convierte tu ausencia involuntaria, yo te amo y no puedo ir a tu puerta porque sigo prisionero del tiempo y de mi cobardía.
A veces pienso que tu ausencia es mi castigo por no haberte amado a tiempo, por no haberme subido a tu autobús y haber preferido la ciclovía solitaria y fría.
La música de tus palabras (recordadas) me hace escribirte, como para engañarme un poco y sentirte cerca y así morir de amor una mañana de mayo.
Sin prejuicios, sin palabras vanas y sin pasajes ni túneles,
sin nadie que me espere al final del día, sin muertos perdidos,
sin historias no contadas, sin nadie a quien echarle la culpa del dolor,
sólo tu silenciosa estela en el mar de estrellas y sal.

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