Despacio te desnudo para entrar al mar
qui se mélange avec les étoiles
del poncho galáctico de la noche que nos abriga.
Tus pies escriben delicadas huellas de arena
como guía para los albatros y las gaviotas pequeñas que se extravían.
Una luciérnaga borracha detiene su vuelo
señala hacia el mar
y se ofrece a iluminar mi violonchelo
sentándose en las efes de cedro
que para mí siempre fueron sombras de integrales especulares.
Y tú jugando a las alfonsinas
me llevas entre olas y algas,
me das faroles huidobrianos de noctilucas
y para respirar bajo el agua una gran caracola nerudiana.
El coro de las ballenas viajeras
con sus complejas partituras canta delfinescas sonatas.
¿Dónde tu mano me dejará avanzar en las columnas de aguas?
¿En qué estación submarina a encontrarte volveré?
Se atreven los locos del Marcos Riesco
a cantarle tonadas jaibescas
para la despedida de la pareja humana.
En la playa la luciole dort sur mon violoncelle.
1 comentario:
Fotografía: E. Donoso. Red con jaibas a 5 metros de altura, llevada allí por el tsunami del 27 febrero de 2010
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