Acre la nube nos hace llorar en calle Victoria,
el sonido de los motores de los aviones hidrantes
me recuerda cuando la muerte andaba por esas mismas calles.
Los helicópteros vuelan entre las cenizas de formas perfectas que también vuelan
como la hoja de litre negra y calcinada pero intacta
que desde las nubes ha caído en el estanque de agua del patio.
O la hoja de eucaliptus abrasada en su danza mortal
como enroscándose hacia el cielo y separándose de su árbol,
vuela hecha ceniza entre golondrinas insectívoras
y las gaviotas que han citado a reunión giratoria de emergencia.
Viajo en medio del humo,
y el porfiado sonido de las aspas como revolviéndolo todo
los arbustos de la tierra, los arbustos del fuego, sus cenizas en el aire,
y los aviones del agua,
interminables y minúsculos dromedarios aéreos.
El sol anaranjado sigue calentando la tarde,
el viento del sur sigue trayendo las llamas amarillas más cerca de tu casa.
Ruedas y velas nos permitirían escapar,
mas sólo tú tienes la llave y no te irás
el incendio se acerca y sólo quieres dormir
y ser hoja en un incendio forestal
para volver al cielo.
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