miércoles, 10 de junio de 2009

Mar de fuego

Luego vino tu ausencia
comandada por las cartas de Marsella
y me fui acercando al mar de fuego
desde la orilla puedo ver aún las bombas y las esquirlas
buscando las vidas que quedan,
las niñas y las balas que buscan sus pequeños corazones.

Me sumerjo en las olas de fuego,
puedo ver como el ave Fénix busca sus cenizas,
tarea inútil en este piélago de llamas,
sus cenizas se han dispersado
y vuelto a quemar,
nadie llega a la otra orilla.

Naves heroicas y argonautas
han quedado detenidos
y ausentes,
mis alas son muñones quemados
y mi rostro se ha evaporado,
el caracol de mar que conmigo cantaba
yace inerte y vacío,
mi abrigo de hojas de nalca
se rompe, quiebra y desmorona.

Una llamarada arrebata mis recuerdos.
¿Cuántas armas quedan? ¿Cuántas balas?
Desde imágenes borrosas,
en medio del humo
veo tu mano que señala
hacia la sed inmensa
de tu abrazo
que me queda en este naufragio.

Veo arder el hospital lleno de muertos
y de heridos sangrantes,
hijos ametrallados
calcinados,
padres que lloran
mientras arde el piso rojo.

Mar de fuego,
tu partida fue peor
que tu ausencia.

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