Cae la noche sobre la ciudad valparaiseña y las tijeras duermen a oscuras en el taller,
las agujas bailarinas han dejado sus vestiduras de hilos de colores,
a la espera que ceda el dolor de abdomen.
A los críticos literarios descolgados de sus telescopios polvorientos,
papayentos y sapeadores de los enigmas constelacionales no les parece correcto,
que desnude mi amor de greda,
en casa del pez blogueador.
Déjame un poco recordar la suavidad de tu piel en mis labios,
y entonces venus estará entre júpiter y los peces pequeños,
y tu amor caerá como tormenta sobre los muelles,
haciendo justicia,
un poco más de café, agua mineral,
y unos telescopios bruñidos y buscadores automáticos de astros.
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